La carta de La Justicia trae la necesidad de lograr hacer un juicio reflexivo respecto a una situación. Anuncia un momento de ejercitar el equilibrio mental, sopesando las cosas para llegar a un juicio equilibrado.
Aquí es necesario pensar una nueva visión, teniendo la verdad como principio. Cuando hablamos de Justicia, hay mucho de una supuesta imparcialidad, racionalidad y de la idea de erguirse por encima de la Naturaleza, negando incluso nuestra propia condición humana, como si fuera posible una separación absoluta entre lo juzgado y quien juzga.
Con Iansã, la Justicia es con la Naturaleza, y no por encima de ella. Hay que tener cuidado con las verdades generales que no se adaptan a situaciones particulares.
La carta de La Justicia anuncia la llegada de un período de construcción de una noción de justicia que pase por la equidad, pero sin aferrarse demasiado a la idea de imparcialidad o a un pensamiento que se pretende racional pero que, en realidad, reproduce una lógica que refuerza una supuesta división entre razón y emoción (y la consiguiente dominación de una sobre la otra).
Aquí todo debe tenerse en consideración, pues solo así —integrando el todo que hace elecciones y reconociéndolo en su humanidad, con contradicciones y deseos— será posible pensar en términos de Justicia.
Es una carta que implica una reflexión honesta y el reconocimiento de que no existe imparcialidad cuando el conflicto es creado por el humano —lo que existe es la decisión de reconocer eso o no; de ser inclusivo o excluyente; de pensar en términos de dominación y dicotomías o en términos de integración; de pretenderse sobrehumano o de acoger la propia humanidad para, recién entonces, poder elaborar elecciones justas haciendo uso de una nueva razón.
Es una carta que también puede traer un momento de cosecha, es decir, de ver surgir los resultados de algo en lo que se invirtió energía.
Representación: Iansã
