La carta de El Sol habla del poder de la conciencia para disipar el miedo y las sombras. Habla del impulso hacia la conciencia, del movimiento de buscar conocimiento y construir visiones de futuro.
Es una carta que habla de esperanza y limpidez, de apuntar a alcanzar grandiosidad y nobleza en nuestra comprensión de las cosas que, ahora iluminadas, dejan de ser proyecciones enormes de sombras y ganan un contorno más definido. Esa experiencia nutre la fe en nosotros mismos, en el significado y propósito de nuestras jornadas.
Es una renovación de las fuerzas espirituales que disipan el oscurantismo, la ignorancia, la superstición, el miedo, el fatalismo y la pasividad ante las fuerzas malintencionadas que intentan subyugarnos.
La luz del Sol sobrepasa la capacidad individual de adquirir conocimiento y percepción; al igual que la Luna, tiene una dimensión transpersonal, un enorme poder de actuación en lo colectivo. Cuando las personas se organizan para desmentir o desmontar esquemas oscurantistas: eso es una manifestación solar poderosa.
Hay que cuidar de madurar el conocimiento y la sabiduría solares y asimilarlos sin arrogancia, sin atropellar el tiempo de maduración de las cosas.
Optimismo y renovación de la confianza son previstos por esta carta, de forma de hacer posible planear el futuro lanzando una mirada curativa y esperanzada, pero madura y no ingenua, articulada con conocimiento, sabiduría y luz.
