La carta de El Mundo habla de la experiencia de estar completo. Habla de la integración de los opuestos.
La integralidad, ese sentimiento de estar completo, es una meta, un ideal, y no algo que podamos poseer totalmente. Lo que más se aproxima a eso es, en realidad, integrar el reconocimiento de nuestra imperfección, nuestra humanidad, aprendiendo a no negar la existencia de los conflictos y ambivalencias.
Así puede haber un sentido de cura interna, cuando dos partes en conflicto dentro de nosotros llegan a confrontarse para, recién entonces, encontrar una solución que lleva a la paz y a la armonía. Es una carta que prevé un tiempo de realización e integración, un período de triunfo en la conclusión de un asunto o en la realización de un objetivo o proyecto al que mucho nos dedicamos.
Sin embargo, ese momento es el vislumbre de algo misterioso y evasivo, que viene a convertirse en un feto que, eventualmente, resurge como La Loca. Así, el ciclo termina donde se inicia.
