El Ermitaño trae las cuestiones del tiempo, de la mortalidad y de las limitaciones de la vida. Anuncia situaciones en las que es necesario asimilar que nada es inmutable y que nada permanece más allá de su tiempo.
Puede ser un aprendizaje doloroso, aunque simple y evidente. A veces, solo podemos comprender realmente ese aspecto de la verdad con la edad y experiencias duras.
Es hora de agregar sabiduría a partir de momentos de soledad y silencio, en los que nos topamos con el hecho de que el cuerpo envejece y todo lo que está vivo perece. El optimismo y la alegría ingenuos no sobreviven al Ermitaño, que nos hace enfrentar limitaciones con las que solo el tiempo, y no la lucha, puede ayudar a lidiar.
Ha llegado la hora de un recogimiento, de desarrollar una postura reflexiva, introvertida y solitaria para manifestar humildad ante la vida y el fluir de las cosas. Generalmente, cuando nos topamos con el Ermitaño, es de manera impositiva, dura, sin gentileza, posiblemente cuando ya nos hemos negado varias veces a ser atravesados por las cuestiones que plantea.
Es una carta que nos devuelve a la escala de las cosas, nos hace toparnos con lo que no podemos cambiar, pero también puede resultar en un estado de calma y serenidad al respecto, lo que puede llegar a convertirse en madurez y sabiduría para lidiar con las durezas de la vida y con las propias limitaciones en el paso del tiempo.
El Ermitaño enseña a soportar y esperar en silencio, pero en paz, sin debatirse en estado de perturbación.
Representación: Fabiano (Vidas Secas — Graciliano Ramos)
