Esta es una carta que anuncia un momento de fluidez de sentimientos, de volverse hacia un estado de equilibrio emocional. Prevé un período en que es necesario prestar atención a las necesidades específicas de ese momento, para que sea posible buscar armonía en los intercambios.
El agua, en cuanto elemento que representa la vida afectiva, se derrama continuamente, día tras día, en un continuo. Eso, a nivel simbólico, habla del desarrollo de la capacidad de dejar que la afectividad siga su flujo, de permitir y abrir espacio para que los sentimientos tomen rumbos propios de acuerdo con lo que cada momento requiere.
Apunta a la necesidad de un flujo de sentimientos para percibir con atención lo que realmente está ocurriendo y, así, dar cauce al aspecto afectivo de las situaciones.
