El Diablo es una carta que habla de algo que nos fascina y asusta al mismo tiempo: el cuerpo físico. Es el aspecto rudo e instintivo de la naturaleza humana: instintos sexuales, vellos, excreciones, funciones corporales, fealdad, sentimiento de ser subyugado por la existencia material.
La vergüenza del cuerpo es una cuestión en la sociedad en la que vivimos. Lo que esta carta plantea es el paso a la comprensión del cuerpo como algo indómito, amoral y natural, pero no malo.
El problema es, en realidad, el terror y la fascinación humanos por el cuerpo y todo lo que le concierne, lo que crea inhibiciones, prejuicios, violencias y sufrimientos. Es una carta que propone la oportunidad de comprender el cuerpo físico como parte del Gran Todo —que la vida desnuda y cruda es también divina.
La energía gastada en mantener a El Diablo vergonzoso y oculto, negando el autorreconocimiento y el autoamor, es energía perdida.
Esto porque, para esconder nuestros aspectos de los que nos avergonzamos, terminamos pretendiendo ser superiores y proyectamos esos aspectos en otras personas, lo que genera prejuicio, envidia y persecución de individuos por atributos relacionados con sus cuerpos.
Esta carta anuncia un momento para enfrentar con humildad las propias cuestiones que causan incomodidad y, así, liberarse de la prisión de los propios miedos. Implica la necesidad de confrontación con todo lo que en la personalidad sea sombrío y vergonzoso y, por medio de la aceptación honesta de esas cuestiones, liberar la fuerza creativa sepultada bajo el autodesprecio.
El Diablo es sobre enfrentar la propia sombra para volverse lo que siempre fue: simplemente natural.
Representación: La Ursa
