La Sacerdotisa es la imagen abuela de María Sabina. El camino de tierra levanta polvo al ser pisado, como el camino de la conciencia por el que se pasa removiendo lo que antes estaba asentado.
Si se mira hacia abajo, solo se ve la tierra seca de donde no brota vida. Pero si se mira a los lados, se levanta la cabeza y se expande la visión, se puede percibir la riqueza que bordea el caminar.
El cielo nocturno y estrellado es el aspecto de la Sacerdotisa que nos pone en contacto con lo sombrío, necesario para iluminar: la visión tarda en atravesar la oscuridad y percibir la luz. Mirar hacia dentro permite reconocer lo que es externo.
El encuentro con la Sacerdotisa es el contacto con la intuición, con la conexión con lo inmenso, integrando la conciencia. El paso por el profundo encantamiento ancestral es un fruto intuitivo a cultivar para comprender lo que es aterrador como siendo también legado de aprendizaje, necesario para nutrir la integridad en uno mismo y en el todo.
Es una carta que trae el contacto con el mundo interior rico y potente, que contiene nuestros potenciales y aspectos más sombríos, y que no puede ser accedido sin el consentimiento de sus guardianes. Contiene el secreto del destino, que aguarda la madurez para manifestarse.
La Sacerdotisa personifica nuestra parte que tiene acceso a ese mundo a través de vislumbres (sin revelar todos los secretos, pues hay cosas que son propias del misterio y no pueden ser tocadas). Es una carta que prevé un momento de fuerte atracción por el inconsciente y por los misterios.
Uno de los cantos de María Sabina dice: «porque yo sé nadar en lo inmenso / yo soy la mujer libro que está debajo del agua / porque todo tiene su origen / y yo vengo yendo de un lugar a otro desde el origen».
Representación: María Sabina
